ECLESIÁSTICA CHILENA

15.09.2010 20:21

 La historia de la Iglesia Católica en nuestra patria comienza con la primera entrada de los españoles en el territorio chileno, pues los súbditos de los reyes Católicos estaban dotados de profunda fe y de gran religiosidad, y por eso, en toda expedición peligrosa, se hacían acompañar por sacerdotes que los confortasen con su palabra y ejemplo, y les administrasen los últimos sacramentos en el caso frecuente de la muerte. El clero español, y principalmente las órdenes religiosas, muy reformado por obra de la reina Isabel y de su gran ministro el cardenal Cisneros, no rehusaba su concurso a los conquistadores, movido de su celo por la salvación de las almas y la propagación de la fe cristiana entre los infieles americanos. 

A fines de Marzo de 1536, penetraba en Chile, por la quebrada de Paipote, el conquistador Diego de Almagro, después de penosísimo viaje iniciado desde el Cuzco. Formaban parte de esta expedición varios eclesiásticos. Conocemos los nombres de Rodrigo Pérez, arcediano del Cuzco, de los presbíteros Cristóbal de Molina, Bartolomé de Segovia  y el licenciado Guerrero, y del religioso mercedario Fray Antonio de Almarsa. Cristóbal de Molina nos ha dejado la dolorosa relación de las crueldades que los expedicionarios cometieron con los infelices indios, crueldades que los sacerdotes, no pudiendo evitarlas, se limitaron a deplorar. 

 Almagro y sus compañeros, no hallando en Chile todo el oro que esperaban, regresaron el mismo año al Perú.

Con Pedro de Valdivia llegaron a Chile, en 1540, tres eclesaáticos: el bachiller Rodrigo González Marmolejo y los presbiteros Juan Lobo y Diego Pérez. En la naciente cuidad de Santiago, después que llegaron las refuerzas que trajo del Perú el capitán Alonso de Monroy, en 1543, se construyeron las hermitas de Santa Lucía, por Juan Fernández de Alderete; la de Nuestra Señora del Socorro, en el sitio que hoy ocupa el convento grande de San Francisco, y la de Monserrat, en el cerro Blanco ( actual parroquia de la Viñita), construida por Inés de Suárez. A fines de 1544 se celebraban los oficios divinos en " una portada" de la casa del gobernador Valdivia, Pero a fines de 1546 ya estaba habilitada la iglesia mayor, aunque inconclusa. En esta obra se gastaron dos mil pesos de la real hacienda, y diez mil  pesos erogados por los vecinos. Sea  por defecto de construcción, o por inundación o terremoto, esta iglesia se cayó a los pocos años. 

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